RELATOS

AMOR Y NECEDAD I 

Era una tarde como nunca, el sol se escondió temprano y lo abrumaban las nubes grises características de un otoño. Era la casa de su madre, con su estructura antigua, al entrar en el ángulo superior izquierdo del salón había una escalera de cinco escalones, que te dirigía al interior de la habitación, alumbrada por velas aromáticas de naranja. Dentro de la misma te impactaba una cuna a un rincón, ¿Por qué? ¿Qué niño la ocupaba? La cuna se veía inmaculada, como si no se tocara desde hace un siglo, no había rastros de ningún bebe, ni juguetes ni ropas, nada que diera señales de él.    En el medio de la habitación estaba la cama, con sabanas rosada, pétalos de rosas rojas y almohadas de color rojo, muy exóticas. A un lado, una muchacha morena de intensos ojos azules.  El baño en la parte derecha de la habitación, dos escalones abajo (era una distribución algo confusa, pero aceptable y cómoda). 

Se sentía el ruido de la ducha, un moreno, alto y delgado, sale del baño y entra a la habitación, mira la cuna, y observa no creyendo estar viendo bien, se sorprende, quiere salir de la habitación cuando ella fuertemente lo retiene por la espalda. Él se vira, ella se enreda en su tronco y comienza a besarle y abrazarlo. El señor muy asombrado y excitado le grita: 
_ No, no, basta, ya verás_, la agarra, la sienta en el borde de la cama donde con movimientos agitados y descontrolados la acaricia por toda su silueta, la espalda, las caderas, queriendo llegar a realizar el acto más deseado por dos amantes, pero de momento con un brusco movimiento se detiene y la aparta, retrocede con una negativa de cabeza, semblante arrepentido y se aleja rápidamente de la escena. 

Alguien asoma la cabeza por la puerta del baño y todo se enfría. Él se retira muy resentido, huyendo de la habitación baja la escalera sin saber que hacer, sentir, deseos de repetirlo o arrepentimiento. 
Ahí estaba ella, en la puerta del baño, observándolo todo desde su mundo algo dimensionado, el que nadie podía ver, ni siquiera ella podía entender, no sabía que era lo que pasaba, solo pensaba:
 
¿Quién estaba dentro de esa habitación? ¿Quién era esa mujer que de momento lo enloqueció?, porque tuvo que ser tan débil, es que no importa los sentimientos sino el instinto sexual como animales, que con solo el olor hormonal se excitan sin control. 
Era un amor bonito, como de almas gemelas y sin embargo se cortó el hilo, por aquel instinto animal que fue provocado por aquella extraña señorita que apareció de la nada.

 Ha pasado mucho tiempo y sin embargo ese moreno atractivo sigue arrepentido y con deseo de pedir una disculpa y otra   oportunidad a su verdadera alma gemela, de la cual su último recuerdo fue aquella ducha que dieron juntos.

Diciembre, 2019