EL RARO

Era un pueblo pequeño, todos se conocían entre si. Había algo en común entre todos los ciudadanos y consistía en la situación que estaban viviendo, la naturaleza se encontraba en situaciones peores y perjudicaba la vida y la salud de los ciudadanos, más refriados, asmáticos, más artrosis y otras enfermedades. Las cosechas eran destruidas, todo era un caos, nada funcionaba como antes; en reuniones todos declaraban, que debía hacerse algo que cambiara la situaciones que se estaban enfrentando.


En las iglesias, los católicos no dejaban de rezar y pedir remedios para todos esos males,
en sus templos sagrados, suplicaban señales que lo iluminaran y así erradicar todos esos cambios que para ellos, no era mas que un castigos de sus dioses. Así paso , paso y paso el tiempo y aunque no dejaban de pedir y hacer ofrendas a los dioses, nada cambiaba y cada vez más se iban acostumbrando a convivir con esos problemas.


Un atardecer inesperado, llegó al Hostal de Pepin, un extranjero larguirucho con ideas exóticas, extravagantes, pero fuertes en contenidos, y un extraño punto de vista que no coincidía con los habitante del pueblo, por lo que lo nombraban el Raro.
Todos sentían dudas de él, era divergente, un físico insólito, se expresaba diferente, mostraba una empatía y amor al prójimo que nadie comprendía, se entrometía en conversaciones ajenas y buscaba (aunque extrañas) buenas soluciones ante los problemas que no eran suyos.

Cada mañana después del desayuno sin ningún resultado positivo, el Raro invitaba a alguien a salir al campo con el, días tras día se iba solo, regresaba al Hostal todo sucio y despeinado pasada más de 5 horas. El agotamiento no lo dejaba pronunciar ni una sola palabra, solo saludaba con un gesto de satisfacción, el cual nadie respondía.

Pasaron días y semanas, al finalizar el mes, fue expulsado del Hostal por no pagar sus deudas de alquiler. Curiosos todos de sus misteriosos paseos al campo, se reunieron y decidieron transitar por aquellas praderas donde al Raro pasaba todas las tardes. En la entrada del camino una nota. Surgió un estupor en sus rostros conmovidos y llenos de lagrimas al leer la nota dejada en la entrada de aquel oasis.

NOTA:

Me han suplicado ayuda de mil maneras y he venido. Les pedí ayuda a ustedes y no me la dieron. Tuve que hacer solo todo el trabajo. Después, soy expulsado del pueblo, pero, a pesar de todo, les dejo esta huerta con variedades de alimentos, espero que sepan terminarla y mantenerla.

El Raro

Autora: Ariagny

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s